La primera clase de Yoga

Todos llegamos a nuestra primera clase de Yoga por diversos motivos; puede ser físico, emocional o espiritual, yo llegué por la primera. Lo que se repite es que no tenemos ni idea de qué esperar.

En cuanto a la parte física, es común escuchar “busco más flexibilidad, más fuerza, bajar de peso, hacer ejercicio o lograr una postura”. En lo emocional, se busca reducir el estrés (o “aprender a manejarlo”), crear un espacio de calma o dedicar un momento a conocernos mejor a nosotros mismos. Y en lo espiritual, las personas buscan la meditación en movimiento, esa conexión con uno mismo y con Dios (o el ser superior en el que creamos).

No existe una buena o mala razón, ninguna es superior que otra. Lo que importa es que tengamos esa inquietud de querer probar. La buena noticia es que siempre vamos a tener todos los beneficios. En mi experiencia, aquellos que llegan “sólo por la flexibilidad”, también salen más relajados. Aquellos que llegan “por los beneficios de la meditación” salen con músculos más fuertes y flexibles; no es posible aislar los beneficios.

Esperamos muchas cosas de nuestra primera clase, en especial cuando no tenemos ni idea de qué es Yoga. A veces, son tantas las expectativas, que nos abruman y terminamos no llegando a la clase por el miedo a “no poder”. Pero recuerda que lo único que debes llevar es una mente abierta para recibir aquello que nos deja la clase.

La primera clase es una experiencia compleja. Uno no entiende qué pasa, no siempre estamos en contacto con nuestro cuerpo para entender lo que “lleva tu pie derecho en medio de las manos” significa. Es más, a veces no sabemos cuál es nuestro lado derecho. Muchas maestras usan los nombres en Sánskrito (yo soy una de esas), y no entendemos nada de lo que están diciendo. Escuchamos que todos a nuestro alrededor respiran más o menos al mismo tiempo y de una manera muy particular, al estilo Darth Vader. Vemos de un lado al otro y todos parecen estar muy concentrados. La maestra no nos pone mucha atención o nos pone demasiada atención y sentimos que nuestro cuerpo no está hecho para hacer lo que nos está pidiendo. Todo esto es normal y sólo con la práctica vamos entendiendo qué está pasando, así que ¡no te desanimes y recuerda que, como todo en la vida, es un proceso!