Precaución: mucho yoga puede ponerte ardiente

Puedes ir a una clase de yoga buscando un ejercicio, porque el doctor te dijo que es bueno para algún tipo de dolor o fortalecer tu abdomen y corregir tu postura. Puede que quieras mejorar tu concentración, disminuir tu estrés, tener tiempo para ti mismo y relajarte. O tal vez estás en un camino espiritual, buscando una conexión cuerpo/mente/espíritu más profunda. 

No existe una razón correcta o una razón incorrecta para probar yoga; la razón perfecta es la que tiene sentido para ti y te hace llegar. No estás más cerca de la iluminación si estás siguiendo un camino espiritual, ni eres una persona superficial o un "mal yogi" si sólo quieres lograr tu parada de manos y tener un abdomen plano. Toma lo que funciona para ti y deja todo lo demás. A mi me funcionó lo físico, porque en ese momento no estaba lista para ir más profundo. Pero me llevó al mat, ¡así que no tiene nada de malo!

La filosofía yogi describe tres niveles de cuerpos humanos; el cuerpo causal formado de pensamientos y creencias, el cuerpo astral de emociones y deseos y el cuerpo físico de substancia material.

Lo bonito del yoga es que no importa qué te llevó a probar, vas a tener los beneficios en todos los niveles. Te vas a volver más fuerte y sano por la práctica física. Tu concentración y conciencia del cuerpo va a mejorar. Te vas a dar cuenta de lo que causa la comida, la gente y los distintos eventos en ti. Y por lo menos en Savasana, vas a disfrutar de los beneficios de relajarte y conectarte con algo más allá de ti (tal vez algo divino). 

Mucho yoga puede volverte ardiente porque se va a notar en tu cuerpo más sano, en tu mente más calmada y en tu espíritu más suave porque no hay forma de esconderlo. ¿Pero cómo funciona si sólo estoy aquí para hacer ejercicio? A continuación encuentras una explicación breve. 

El sistema de Ashtanga Yoga, que también se encuentra en los Yoga Sutras de Patanjali, describe un proceso de ocho etapas para lograr un nivel de integración mayor. 

(1.) Yamas (lo que no debes hacer - no violencia, no mentir, no robar) y (2.) Niyamas (lo que debes hacer - purificación, satisfacción, disciplina) como acciones que debes y no debes hacer. Este es un entrenamiento moral que trata de abarcar tanto elementos conscientes como inconscientes de la mente para no volvernos seres egoístas y antisociales.  

Luego tenemos las (3.) Asanas (o posturas físicas) y (4.) Pranayama (regulación de la respiración). Estas dos prácticas nos ayudan a regular la energía vital, circulación sanguínea, el sistema nervioso y la función de los músculos. Las posturas físicas nos ayudan a ponernos en forma y el control de la respiración está conectado con las funciones del corazón y el sistema nervioso autónomo. Ambos son un entrenamiento físico. 

(5.) Pratyahara (retracción de los sentidos; cuando llevamos toda la atención a un punto específico de concentración, reducimos la distracción de nuestros sentidos), (6.) Dharana (concentración, que se alcanza manteniendo la atención en un sólo punto), (7.) Dhyana (meditación, en la que la concentración se mantiene por períodos de tiempo prolongados) y (8.) Samadhi (sentido de unidad que alcanzamos con un objeto, cuando todo está conectado y activo. Estas cuatro etapas son parte de un entrenamiento espiritual. La mente responde a la información que recibe del mundo exterior por nuestros sentidos, lo que la distrae de su "estado natural". Estas etapas están diseñadas para trabajar hacia una dimensión más elevada, en la que no hay restricciones de nuestro ego o limitaciones físicas. 

No te preocupes por ser un "buen yogi" o un "mal yogi", eso no existe. Sólo llega a tu mat y haz tu mejor esfuerzo. Incluso si por razones pedagógicas nuestros cuerpos se explican como tres instancias separadas, somos uno solo. Una vez empezamos a trabajar en uno de ellos, también estamos abriendo las puertas hacia el trabajo en los otros dos.